La ciudad de los quince minutos

La ciudad de los quince minutos

Este verano cuando se detenga el mundo
en la ciudad de los quince minutos
cuando lo de lejos es un demente averno
en el que campa la insolidaridad
y el déficit por el bien común,
volverán las paredes a acercarse
y los coches a enseñar sus huesos
aparcados en el suspiro limpio,
las mentes a divagar y construir alcantarillas
con la tonterías y los aplausos,
en cambio el reconocimiento y la financiación
lo contratacaremos en la calle y en las urnas,
la memoria es tan pequeña
que la ciudad de los quince minutos
nos parecerá inmensa.

Boquearemos buscando el aire
fantaseando
con el alcoholismo y la necesidad del servilismo,
la ciudad de los quince minutos
será nuestra zona de distracción.

Estamos bien, pero ya se nos pasará. (Gueorgui Gospodínov)

Estamos bien, pero ya se nos pasará. (Gueorgui Gospodínov)

En nuestra comodidad inveterada

dormitada por la opresión vacía

comiendo y trabajando

el mundo prosigue su rueda

para ocultar lo que escondemos,

digiere, ese mundo, al desesperanzado al lado

da atención al rimbombante blandiendo bandera

y solicitando gracias y aplausos por lo que ya robó

infinitos siglos de herencia escamoteada al lodo,

cuánto me ha gustado gritar

sin esperar a madrugadas

temiendo por el asustarme,

lloraba con tanto deleite

que aplaudían desde los balcones,

el mundo avanza y atrasa

a la misma velocidad y saña,

quien asciende roba las escaleras

y regala rampas

a quien se desliza hacia el averno,

cuánto me ha gustado salir a la calle

a protestar  jugando a las banderas

como si yo perteneciera a un juego errabundo y apoteósico

panegírico de enfermedad, sufrimiento, y pobreza,

cuán orgulloso estoy de mi persona que sin mancharse las manos

salió a flote con poca lucha y mucha queja lastimosa,

soy el representante del infinito macho blanco protector

débil como un renacuajo en una charca

valiente como la libertad que coarta a palos,

un trapo atestigua que soy de otra raza

y que la razón y la tierra me construyeron,

cuánto me ha gustado que la pobreza y la muerte avancen

son buenos motivos para pedir con la escusa de la patria

aquello con lo que dios me vistió, y que la masa heréticamente demanda,

cuánto me ha gustado nacer allí donde me escondieron el mundo

qué gracia, tengo seguidores a los que no dejaré jamás levantar cabeza

necesitan despreciar para  no despreciarse,

qué sonrisa se me pinta, de labios rojos y dientes gualdas,

bramo y no aplaudo, estoy bien y seguiré estándolo.

Esta vez no fue

Esta vez no fue

Te sentí desfallecer en la noche de penumbra
como un acordeón rajado al que se le escapa
el aire necesario para delirar en la sombra blanca,
y como ruin, como mortal con la mochila de miedo
temí ser el último aliento dentro de un espejo parvo,
sudé la fiebre y detrás entre el vapor y la bruma
te sentí morir muerte, y no, sé, es una prórroga.

No acepto siquiera gratis que me ofrezcan miedo, si no reivindicamos la naturaleza aquí estaremos para pasar el rato y hasta luego…

No acepto siquiera gratis que me ofrezcan miedo, si no reivindicamos la naturaleza aquí estaremos para pasar el rato y hasta luego…

Llegó el tiempo de la autoridad
que el miedo se otorgó
y a eso le debimos civismo,
a él nos encomendamos…

El tiempo:
de los llorones del futbol
más esenciales que la enseñanza,
de los políticos que solamente acuden
al grano para llevárselo, y critican
a los que intentan repartirlo,
de la primavera secuestrada por la no vida
de la alegría tonta de un balcón vociferante
de las caras planas en teléfonos inteligentes
de las frases, bailes, expresiones exuberantes
de los pececitos de colores moviendo las colas
ante la comida que dispersa el cielo.

Dimos las gracias golpeando las palmas
dejamos que los recortaran
para luego llamarlos héroes
y como gamusinos divergentes
conferimos el miedo crítico
a una nueva normalidad
y a otra después más desbocada.

Fuimos obedientes como el menesteroso soldado
ante las bromas soeces del encarnizado sargento
y por no morir, o porque no muriera la gente querida
vendimos ideas y sueños como si le sobraran años a la vida.

Lo más seguro y más duradero:
la tierra espera
una nueva isla en el pacífico
de guantes y mascarillas,
no espera nuestra ayuda
por eso quizá intentó aniquílanos,
no sabemos llegar a adultos
somos unos jovenzuelos
que se pasan el día huyendo
¿a cuánto compramos el miedo?
¿cuánto se quedan los intermediarios?
¿por qué producirlo es tan barato?

La libertad se consigue dentro
en ese espacio confinado
que es carcasa de mamífero
y no hay más que un tiempo chico
para seres chicos con ropa de engreimiento
que se creyeron señores y dueños
y son tan efímeros que el universo
abre la boca bostezandooooo…

Días de reclusión que ya son normalidad, esperando para construir otra.

Días de reclusión que ya son normalidad, esperando para construir otra.

(Proust: La originalidad muchas veces consiste en ponerse un sombrero viejo que se saca del desván).

Allí, donde las personas están construyen vanidad
con ella los poetas pasan al bando del demonio
encerrados en su medio, incluso sin saberlo
eligieron no mancharse las manos, se pusieron manoplas
no morder con la ironía, y menos con el sarcasmo
usar la mascarilla para que no se aprecie su inexistencias
alzarse al espasmo, sintiéndose usurpados en su soledad
hablar de las flores y una nube champiñón creciendo en el prado,
y las ideas que las piensen quienes dominan la vida
que la muerte es un poeta inventando rimas,
¿y si le damos la vuelta como un Proust, o un Whitman
una Mistral , una Pizarnik, una Storni, una Angelou?,
y creemos que sucede que la poesía puede preguntar a la vida
y las palabras pueden cambiar el mundo, y las preguntas
abrir los horizontes, y las frases elocuentes de la poesía
arrimar el hombro para crear un lenguaje intérprete de la naturaleza.