Qué demonios de vida defendemos.

Qué demonios de vida defendemos.

Me acortaron las piernas para que mi andar fuese de persona pequeña
que no alcanza nada, moviéndose en la cinta de andar de un gimnasio,
puede ser que por entonces me tropezara con las palabras, y atisbase la lejanía
se convirtió en un juego, en la pasión por el aire, el dialogo con las estrellas
descubrí el idioma del universo, de los animales, las plantas,
puede ser además que naciese en este estado de la consciencia
que luego se convertiría en una actividad espiritual
y renegase, porque no quiero olvidar el lenguaje
que salvo nosotros habla el orbe, y no es el del oficio literario,
tan deshonesto con la esencia y la lucha
tan ensimismado en explicar la realidad imaginaria,
la poesía, en cuanto la dejo, me redime
de la necesidad y la desazón de no saberme expresar
me deja claro el camino que recorreré
con mi siempre piernas pequeñas,
pelear por el dialogo interior con la tierra
el mar, el aire, el sueño, la confianza, sobre todo la impaciencia
e intentar no buscar la esperanza, y su pérfida hermana la utopía,
pero sin las contradicciones, sin desbaratar aquello que nos mueve
no es posible sobrevivir a la existencia, la medida, la medida
no puede haber otra la respuesta, el equilibrio, el taimado equilibrio.

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