Basuraleza

Basuraleza

 

Decadencia recorre su propia cuesta,

cursilería y nosotros bajamos con ella,

no queremos que se pierda

y no sepamos donde cavar la caída,

 

contenido efímero

y aburrido

continente eterno

y doloroso,

 

somos familia de patos

circulamos el mismo lago

bañándonos en agua muerta,

¡no es agua!, esta materia

que se hunde o flota,

¡no!, los patos no son ciegos,

 

me dijeron toma un trago

es un segundo, no dudes

el plástico no es tu problema,

tenían razón, no es solo mío.

 

Contenido,

la ambrosía

de la industria

ha pensado

que los productos

extraños envenenen

nuestra sangre,

Continente,

los milenios

se avergonzaran

de nosotros

por época oscura

cosecha muerta.

 

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Por la mayoría de la historia, Anónimo era una mujer. (Virginia Woolf)

Por la mayoría de la historia, Anónimo era una mujer. (Virginia Woolf)

 

 

Todas son nombres desiertos

en la blancura de la historia

escrita por ellas a la mitad,

de las que nos va quedando

si no la vasta y adoptada ausencia,

 

con una meticulosidad traicionera

el borrador hace desaparecer letras,

la mirada hacia el pasado

nos devuelve un páramo,

silencio dirigido a la voz

del hombre, del macho

especie de bucanero

que conquista galeras

y las lleva a puerto

con  botín inmerecido,

 

miles de varones

de mediocridad manifiesta

serán recordados con nombre,

el anonimato de la historia

se ha construido con grandes mujeres,

con su impulso

nuestro impulso

sin nuestro miedo

a que nos arrebaten

el privilegio,

abandonando guiones prescritos

se podría comenzar

a reescribir la historia con igualdad,

 

todavía falta mucho,

pero si no encontramos

las palabras para comenzar

la gran batalla,

quedará más.

¿Es la vida una agónica cuenta atrás, nos arrastra con una fuerza sin nombre, o avanzamos adentrándonos en el tiempo como un aventurero empleando el machete?

 

 

Entre la fuerza

entre la palabra

desfila silbando la consciencia

con aire oliendo a encías,

 

confundido, apático de renuncia

lleno de avaricia barata, premonitorio

ruin y sincero en la misma balanza

trepando al foso que hunde el trayecto

escondido, roto, surcando  el infierno,

con los brazos alicaídos, gritando alianza,

 

entre la fuerza

entre la palabra

el turno lo pide el silencio,

sobre la cama, arropado

acurrucado como un niño

con ojos exclusivos

para el sueño,

no reconoceré a la muerte

entre piezas deterioradas,

no me reconocerá la muerte

aun palpita el reloj

con el que mi bravura

convierte en desfile

cada segundo,

 

no me contestarán la cuestión

para cuando llegue la respuesta

mi lugar lo habrá ocupado un recuerdo.

Todo es ceremonia en el jardín salvaje de la infancia (Pablo Neruda).

 

 

La verde distancia que separa un desierto de otro

destruye toda intención de cambiar el suelo,

asfalto, montañas de ladrillos, camiones de hormigón

vigilan que el pequeño árbol lleve sus ramas al cielo,

no sea que el precio de contemplar la perfección

nos confunda y forje pequeños pies libres de nosotros,

 

ese jardín tan pequeño, es nuestro

plagado de ruinas, cimientos no comenzados

y los sueños, pequeños socavones hondos

con el espíritu debilitado y viejo

desde donde trepa el olvidado, aquel niño.