A veces se me olvida ponerme los ojos de ver

A veces se me olvida ponerme los ojos de ver

Y salgo a la calle a apacentar pensamientos
aturdirlos para encontrarlos dormidos a la vuelta,
pasa de largo la soledad, el alarido, la petición de apoyo
mientras yo camino como un artilugio
inmóvil de sí mismo, condenado a no significar,
las palabras que suelta mi boca son listas de objetos
experimentos de una esperanza a la que todo me empuja
de un camino trillado por infinitos linajes,
y aquella estructura ajada, ese árbol que no se alza
el mendigo invisible, la mujer que desaparece,
el niño envuelto en la negligencia del azúcar
son interlocutores extraños que regalan su invisibilidad
a un cosmos pequeño de nada pequeña,
voluntariamente soy ciego del alma
para que no me duela el autoritarismo
de una sociedad burguesa y enferma
camino sin cuencas, no me tropiezo
pero de llegar no llegaré, estupefacto
sonreiré sin más, rodeado de organismos
me adentraré en el silencio profundo,

si consigo zafarme de la inercia
me recordaré colocarme las lentes
antes los ojos de ver
luchar por la igualdad
y no salir al mundo desnudo de principios.

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La investidura.

La investidura.

La ropa se la compramos
la cama se la encuentran hecha
se pelean por sus juguetes
ignoran nuestras necesidades
no nos dejan descansar
estamos hartos de sus gritos,
lo que ellos llaman igualdad
se está luchando acera por acera
esa promesa de que van a estudiar
ya la sabemos incumplida,
están toda la noche con el teléfono
meándose en la cama, temiendo a monstruos,
nos tocará como siempre inflarles el ego
para que salgan a sus reuniones como gallitos
a piar con la boca grande,
porque ellos comen más que nadie
por eso se merecen más que nadie,
y lo peor no sabemos pararles los pies
porque piensan como nosotros
los vimos nacer, crecer,

nuestra preocupación para siempre.

¿Veremos el final de generaciones sin pasos?

¿Veremos el final de generaciones sin pasos?

Volar no es tan malo
como nos hacen creer,
lo peor son los pies
que cuelgan preguntando
por su futuro,
el pasado fue todavía peor,
empujaban pedales
escondidos en la penumbra
que nadie ve del vehículo,
allí donde el polvo y los pelos
se alían en pelusas oradoras,
si caminasen cien mil pasos
ya no pararían
si volasen observando la tierra
querría posarse en toda ella
si no detuviesen el coraje, el salto
el espacio podría ser habitado
por nuevas luces sin noches ni sombras.

¡Dejad a la gente vivir!

¡Dejad a la gente vivir!

El miedo a la libertad de los otros
nos condena al sufrimiento eterno
y si no a infringírnoslo en la tierra.

Lo mojado tiene que estar en su lugar
para eso están los ríos, el mar…
yo no quiero un traje de agua
cayendo sobre mí, no soporto el paraguas
y después cerrarlo y contemplarlo gotear,
no soporto las gotas de lluvia resbalando el cristal
no soporto la tristeza, no necesito la tranquilidad
no quiero que toda una tarde de lluvia
me obligue a estar sentado,
quiero dibujar con un lápiz un sol infantil
un huevo frito sonriéndonos, aún criaturas
sintiendo que todo un panorama se amplia
con tantos caminos como nuestro pies requieran.
(Para las cadenas, los prejuicios…para ellos mucha agua y poco uso, qué enmohezcan)

Esperanza consecuente

Esperanza consecuente

De las cenizas de lo que ardió
junto al agua del llantodolor
se forma el barro para revisar,
además necesitamos oxígenoesperanza
el tacto, la vista, el olor, y el sueño
y mucho trabajo orfebre
de hormiguita aburrida.
Qué nos encuentre la esperanza
trabajando por ella
qué nos anime el rayo de luz
entrando por la ventana que abrimos,
aspirar a más es una inverosimilcausa
si alguien nos silba que llega
acurruquémonos esperando la inundación,
es más fácil respirar debajo del tedio
que sacar la cabeza fuera de la algarabíanada.

Su presente habría sido mi futuro.

Su presente habría sido mi futuro.

Casi siempre cortar el lazo
es el mayor amor que conseguimos vencer,
es conocido que ser malas personas
es nuestra característica
y que nuestros consejos hieren
nuestras manos
como un cuchillo que ha perdido el mango,
en eso consiste la paternidad, la maternidad,
cuanto más buenas intenciones alberguemos
más doblaran la cara,
es tan ley de vida que la esperamos
y no por eso perdemos la fe, ni la perseverancia
no por eso aquello que podría haber sido
lo dejaremos abandonado,
es tanta esperanza
que lo intentamos
cada presente
para poder toparnos
con el fracaso cada vez
que alcancemos el futuro.

Tierra de promisión
estamos allí, solos,
los niños se fueron
siguen aquí, lejos.

Un buen libro es poesía.

Un buen libro es poesía.

Cuando niño conocía sin conocerlo
esta rama hueca que nos une la vida
al corazón y a la sangre de la tierra,
viajaba entre realidades con fantasía
saltaba con muelles de sonido
balaba como las ovejas
cuando cruzan el camino,
a estos ojos pequeñitos le salían piernas
y visitaban lugares a las que las mías
nunca me llevaron.

Cuando niño revisaba el mundo
por si le faltaba algo,
visitaba los ríos para ver bailar al agua
ascendía a las copas de los arboles
porque la ultima hoja debía estar sola,
espiaba los hormigueros
tirado en el suelo
intentando pillar
a las hormigas cantando,
pues alguien me dijo:
lo que tienen de tímidas
lo tienen de virtuosas.
Y aun así, con esa imaginación
esperando que la realidad
no me quitase confianza
cogí mi primer libro,
entonces fue cuando me asaltó
la poesía, ella me tradujo la tierra
el mundo se ensanchó tanto
que aún me cuesta respirar
cuando mis manos sujetan
paginas que alguien escribió
en su dormitorio del alma.